Un edificio transparente e inspirado en el formato de un diario -como el que con nobleza presta soporte a este texto- incrusta "físicamente" la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos entre la Casa Blanca y el Capitolio. Es el Newseum (museo de las noticias), cuya fachada de vidrio exhibe la norma tallada en mármol: "el Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o prohíba el libre ejercicio de un culto; que coarte la libertad de palabra o de imprenta, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente y pedir al Gobierno la reparación de agravios".

Esa "tapa" (o frente) dice todo sobre el espíritu de esta institución de siete pisos levantada en un punto estratégico de la avenida Pennsylvania, vía central de la ciudad de Washington D.C. y corazón de la nación de Abraham Lincoln. El Newseum representa a la prensa en la capital del país que, dentro y fuera de sus fronteras, se define a sí mismo como amante acérrimo de la libertad. Y es el componente que faltaba -o que no podía faltar- en el núcleo urbano que expresa el poderío de Estados Unidos en las artes y las ciencias (la Galería Nacional de Arte y los museos Smithsonianos); la economía (el Tesoro); la historia (los Archivos Nacionales); la seguridad (la sede de la Oficina Federal de Investigaciones o FBI), además de la política, claro. El Newseum participa metafórica y tangiblemente de esa avenida, que también cobija a las marchas militares y cívicas, y a las demostraciones de descontento del pueblo que 40 años atrás se permitió el Watergate.

Abierto en 2008, el museo refleja el ideario de su creador, el Freedom Forum, organización que postula a la Primera Enmienda como piedra angular de la democracia. Esa bandera influyó en el diseño del edificio de 23.200 metros cuadrados firmado por Polshek Partnership Architects. Y que, por ello, emula un matutino gigante y tridimensional llamado a "comunicar la naturaleza de las noticias a una audiencia diversa", como señala la descripción oficial del proyecto. Dicho texto añade: "aquello exige pensar a la prensa como una ventana hacia el mundo".

Más allá de las anécdotas y nostalgias del pasado de la industria y el oficio, el museo consagrado a la celebración del periodismo y la libertad de expresión pretende divulgar esas materias a partir de la interacción con los procesos de producción de noticias. Distintos espacios -equipados con la última tecnología- ponen a disposición del público la oportunidad de actuar como cronistas por un día (o por un rato), experiencia de ficción concebida tanto en función de la adrenalina y el mito como del agobio del deadline. No en vano el Newseum expone con letras grandes y gordas esta confesión del ensayista Henry Louis Mencken: "no conozco ningún ser humano capaz de vivir más intensamente que un joven, hambriento y energético periodista".

Enmienda para todos

Las coberturas de la caída del Muro de Berlín y de las Torres Gemelas (el 11-S); una colección de fotografías reconocidas con el Premio Pulitzer; un recorrido por la evolución de la libertad de imprenta durante los últimos cinco siglos, y por el desarrollo de los medios de masas... Con criterios necesariamente arbitrarios, el Newseum pone orden en la infoxicación planetaria y da sentido a una coyuntura donde solo hace falta un teléfono inteligente (y a veces ni siquiera eso) para fabricar noticias en tiempo real.

Y en forma explícita y generosa explora los abundantes riesgos asociados al periodismo, y notifica que el derecho a expresar críticas -o a ventilar los asuntos del poder- ni está conquistado plenamente ni es parejo en todo el globo. El Newseum plantea estas inquietudes en el Monumento a los Periodistas (2.007 fallecidos en la lucha por la libertad de prensa entre 1837 y 2009); en los juegos interactivos del centro ético ("¿qué está dispuesto a sacrificar para publicar una noticia?", cuestiona una pantalla táctil) y en el mapamundi de la censura elaborado por el Freedom Forum.

El Newseum, además, rinde tributo a la prensa de papel con la publicación cotidiana de 80 portadas de matutinos escritos en distintas lenguas de la aldea mundial. Esa galería de front pages está animada por una frase que explica la Primera Enmienda en términos coloquiales y macizos: "la gente tiene necesidad de saber qué pasa. Los periodistas poseen el derecho a contar lo que saben. Encontrar los hechos puede ser difícil y publicar la historia, peligroso. La libertad incluye la facultad de expresar críticas y disentir. La responsabilidad informativa exige honestidad. Las noticias son la historia en movimiento. Los periodistas escriben el primer borrador de la historia. Solo la prensa libre puede revelar la verdad".